1 Hizo prosperar las fatigas de aquel pueblo bajo la guía de Moisés, profeta santo. 2 Atravesaron un desierto solitario e instalaron sus tiendas en lugares intransitables. 3 Hicieron frente a los enemigos y rechazaron a sus adversarios. 4 Cuando tuvieron sed, te invocaron; de una roca áspera les diste agua, y de una piedra dura el remedio que calmó su sed. 5 Así, lo que sirvió de castigo para sus enemigos, fue para ellos ayuda en su necesidad. 6 En lugar del caudal permanente de un río, enturbiado por una mezcla de sangre y barro 7 como castigo por su decreto infanticida, a los tuyos, sin esperarlo, les diste agua abundante, 8 mostrándoles, por la sed que padecieron, cómo habías castigado a sus enemigos. 9 Por las pruebas que sufrieron, aunque era una corrección hecha con amor, vinieron a conocer los sufrimientos que el castigo de tu ira hacía padecer a los impíos. 10 Porque a unos los probaste como padre que corrige, pero a los otros los castigaste como rey implacable que condena. 11 Tanto si estaban cerca como si estaban lejos, fueron igualmente castigados; 12 porque los alcanzó una doble pena, y gimieron al recordar el pasado; 13 cuando comprendieron que su castigo era un bien para los otros, reconocieron que era el Señor; 14 y al que en otro tiempo habían abandonado en el agua y luego rechazaron burlándose de él, al final de los acontecimientos lo admiraron, al sentir una sed bien distinta de aquella de los justos. 15 A causa de sus estúpidos y malvados pensamientos, que los extraviaban hasta hacerles rendir culto a reptiles irracionales y bestias despreciables, tú les enviaste como castigo una gran cantidad de animales irracionales, 16 para que supieran que con lo que uno peca, con eso mismo es castigado. 17 Pues nada impidió a tu brazo omnipotente, que creó el mundo de materia informe, enviarles manadas de osos o intrépidos leones, 18 o de desconocidas bestias ferocísimas creadas para tal efecto, que lanzaban resoplidos de fuego y que despedían una humareda pestilente, o echaban por sus ojos terribles rayos; 19 bestias que no sólo podían aniquilarlos con su poder maléfico, sino que podían hacerles perecer con su aspecto terrorífico. 20 Y aun sin esto podían caer de un soplo, perseguidos por la justicia y aniquilados por tu soplo poderoso. Pero tú lo has regulado todo, con peso, número y medida. 21 Tú siempre puedes desplegar tu gran poder. ¿Quién puede oponerse a la fuerza de tu brazo? 22 Pues el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como una gota de rocío mañanero sobre la tierra. 23 Tú tienes compasión de todos porque todo lo puedes, y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. 24 Porque amas todo cuanto existe y no desprecias nada de lo que hiciste; si odiaras alguna cosa, no la habrías creado. 25 ¿Cómo existiría algo si tú no lo quisieras? ¿Cómo permanecería si tú no lo hubieras creado? 26 Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque todas son tuyas, Señor, amigo de la vida.