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Eclesiástico 11 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Por su sabiduría el humilde llevará alta la cabeza, y se sentará entre los grandes.   2  No alabes al hombre por su belleza, ni desprecies a nadie por su aspecto.   3  Pequeña es la abeja entre los que vuelan, pero su producto es el más dulce.   4  No presumas de la ropa que llevas, ni te engrías cuando se te honra; porque maravillosas son las obras del Señor, y sin embargo se ocultan a los hombres.   5  Muchos reyes acabaron destronados, y un desconocido se colocó la corona.   6  Muchos poderosos fueron humillados en extremo, y hombres ilustres quedaron en manos de otros.   7  No censures antes de informarte, reflexiona primero y juzga después.   8  No respondas antes de escuchar, ni interrumpas el discurso de otro.   9  No te acalores con lo que no te incumbe, ni te mezcles en las peleas de los pecadores.   10  Hijo, no emprendas muchos negocios, que si lo haces, no saldrás bien parado; por más que corras no podrás llegar, ni podrás escapar por más que huyas.   11  Hay quien trabaja, se fatiga y se apura, y sólo consigue quedarse más atrás.   12  Hay quien es débil y necesita ayuda, pobre en bienes y rico en miseria; pero el Señor lo mira con bondad y lo levanta de su humillación.   13  El Señor le concede éxito, y son muchos los que se admiran.   14  Bien y mal, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor.   17  El don del Señor permanece en los piadosos, y su benevolencia los guía siempre.   18  Hay quien se enriquece con inquietudes y avaricia, y ésta será su recompensa:   19  cuando dice: «Ya puedo descansar, ahora disfrutaré de mis bienes», no sabe cuánto tiempo pasará hasta que muera y tenga que dejárselo a otros.   20  Sé fiel a tus deberes y persevera en ellos, hazte viejo en tu trabajo.   21  No admires las obras del pecador, confía en el Señor y persevera en tu tarea; porque es cosa fácil para el Señor hacer rico al pobre en un instante.   22  La bendición del Señor es el premio del piadoso, en un momento hace florecer su bendición.   23  No digas: «¿Qué necesito?» ni: «¿Qué bienes puedo esperar?»   24  No digas: «Tengo suficiente. ¿Qué mal podrá ocurrirme?»   25  En días de bienes se olvidan los males, en días de males se olvidan los bienes.   26  Pues es fácil para el Señor, en el día de la muerte, dar a cada cual según sus obras.   27  Una hora de dolor y te olvidas del bienestar, cuando el hombre llega a su fin, se ven sus acciones.   28  Antes de la muerte a nadie felicites, porque al hombre se le conoce por su final.   29  No admitas a cualquiera en tu casa, que son muchas las trampas del astuto.   30  Perdiz de reclamo en la jaula es el corazón del orgulloso, como un espía espera tu caída.   31  El calumniador cambia el bien en mal y critica las mejores cualidades.   32  Una chispa enciende un gran brasero, el pecador acecha para derramar sangre.   33  Cuídate del malvado que trama el mal, no sea que te acarree deshonra eterna.   34  Hospeda en tu casa a un extraño, y te traerá complicaciones; pondrá en tu contra a los tuyos.