Eclesiástico 0

1- 35La ley, los profetas y los otros escritos que les siguieron nos han transmitido muchas y grandes lecciones, que hacen a Israel digno de alabanza por su doctrina y sabiduría. Pero es necesario que los lectores no sólo adquieran sabiduría ellos mismos, sino que también, una vez instruidos, puedan ser útiles a los de fuera con sus palabras y escritos. Por eso, mi abuelo Jesús, después de haberse dedicado asiduamente a la lectura de la ley, de los profetas y de los otros escritos de los antepasados, habiendo adquirido un gran dominio en ellos, se decidió también a escribir algo sobre temas de doctrina y sabiduría. Pretendía con eso que los ansiosos por aprender entraran en conocimiento de estas cosas y se aplicaran más a vivir según la ley. Quedan, pues, invitados a leerlo con benevolencia y atención, y a ser indulgentes allí donde parezca que, a pesar de nuestros esfuerzos de interpretación, no hemos logrado traducir adecuadamente alguna expresión. Y es que las cosas dichas en hebreo no tienen la misma fuerza cuando se traducen a otra lengua; cosa que ocurre no sólo con este libro, sino también con la misma ley, los profetas y los otros libros, los cuales ofrecen no pequeña diferencia cuando se leen en su lengua original. El año treinta y ocho del rey Evergetes yo llegué a Egipto donde me establecí por un tiempo. Allí encontré un ejemplar que contenía no poca instrucción y me creí en el imperioso deber de poner, yo también, diligencia y trabajo para traducir este libro. Muchas noches y ciencia he consagrado durante este período hasta terminar y publicar el libro. Ojalá puedan usarlo también los que, en el extranjero, desean instruirse y reformar sus costumbres para vivir conforme a la ley.

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