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Apocalipsis 2 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Escribe al ángel de la iglesia de Efeso: Esto dice el que tiene en su mano derecha las siete estrellas y pasea en medio de los siete candelabros de oro:   2  –Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu perseverancia. Sé que no puedes soportar a los malvados, que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y los encontraste mentirosos.   3  Eres perseverante y has sufrido por mi nombre sin desmayar.   4  Pero debo reprocharte que dejaste enfriar el primer amor.   5  Recuerda, pues, de dónde has caído; cambia de actitud y compórtate como antes. Si no lo haces, si no te conviertes, vendré a verte y arrancaré tu candelabro de su puesto.   6  Sin embargo, tienes a tu favor que detestas la conducta de los nicolaítas, como yo también la detesto.   7  El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.   8  Escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: Esto dice el primero y el último, el que estuvo muerto y retornó a la vida:   9  –Conozco tu sufrimiento y tu pobreza. Sin embargo, eres rico. Conozco las calumnias de quienes se dicen judíos pero en realidad son una sinagoga de Satanás.   10  Que no te acobarden los padecimientos que te esperan; es verdad que el diablo va a meter en la cárcel a algunos de ustedes para ponerlos a prueba, pero el sufrimiento durará poco tiempo. Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida.   11  El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias. El vencedor no será alcanzado por la segunda muerte.   12  Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: Esto dice el que tiene la cortante espada de doble filo:   13  –Ya sé que habitas donde Satanás tiene su trono. Sin embargo te mantienes unido a mí y no has dejado de creer en mí ni siquiera cuando ahí, donde tiene su morada Satanás, mataron a mi fiel testigo Antipas.   14  Pero tengo alguna queja contra ti; y es que toleras ahí a quienes profesan la doctrina de Balaán, el que sedujo a Balac para que indujera a los israelitas a comer carne sacrificada a los ídolos y a entregarse a la lujuria.   15  Además, también tú toleras a quienes profesan la doctrina de los nicolaítas.   16  Cambia, pues, de conducta; de lo contrario, iré a verte en seguida y lucharé contra todos ésos con la espada de mi boca.   17  El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedra blanca, en la que hay escrito un nombre nuevo que sólo conoce quien lo recibe.   18  Escribe al ángel de la iglesia de Tiatira: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene los ojos como llamas de fuego y los pies semejantes al bronce:   19  –Conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu entrega y tu paciencia. Tus últimas obras son incluso mejores que las primeras.   20  Pero debo reprocharte que permites que Jezabel, esa mujer que se dice profetisa, ande seduciendo con sus enseñanzas a mis servidores incitándolos a la lujuria y a comer carnes sacrificadas a los ídolos.   21  Le di tiempo para que se convirtiera, pero no ha querido renunciar a su conducta lujuriosa.   22  Pues bien, voy a arrojarla, junto con sus cómplices de adulterio, a un lecho de profunda angustia, a menos que se conviertan de su perversa conducta.   23  A sus hijos, los heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que soy yo quien examina conciencias y corazones, y quien pagará a cada uno de ustedes según sus obras.   24  A los demás que viven en Tiatira y no profesan esa doctrina ni tienen conocimiento de eso que llaman las profundidades de Satanás, ninguna otra carga les impondré.   25  Basta con que conserven intacto hasta que yo venga lo que ahora tienen.   26  Y al vencedor, al que me sea fiel hasta el fin, le daré poder sobre las naciones –el poder que recibí de mi Padre–,   27  para que pueda gobernarlas con cetro de hierro y quebrarlas como vasijas de barro.   28  Y le daré también el lucero de la mañana.   29  El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias.