1 (CAP. 15) Poema. De David. Protégeme, oh Dios, que me refugio en ti. 2 Yo digo al Señor: «Tú eres mi dueño, mi único bien; nada hay comparable a ti». 3 A los dioses de la tierra, esos poderes en los que antes me complacía, 4 dediquen otros sus desvelos y corran tras ellos; yo no tomaré parte en sus sacrificios, ni daré culto a esos dioses. 5 Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos. 6 Me ha tocado un lote estupendo, ¡qué hermosa es mi herencia! 7 Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche instruye mi conciencia! 8 Tengo siempre presente al Señor: con él a mi derecha jamás fracasaré. 9 Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo; 10 porque no me abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción. 11 Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.