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Proverbios 8 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Escuchen, la sabiduría proclama, la inteligencia levanta su voz.   2  En las alturas junto a los senderos, de pie, donde los caminos se cruzan;   3  junto a las puertas de la ciudad, en las vías de acceso, hace resonar su voz:   4  A ustedes, hombres, los llamo, a los humanos dirijo mi voz.   5  Aprendan, inexpertos, la prudencia, y ustedes, necios, caigan ya en la cuenta;   6  escuchen, que les comunico cosas buenas, de mis labios saldrán palabras rectas;   7  mi paladar saborea la verdad, mis labios detestan el mal;   8  todas mis palabras son sinceras, nada en ellas es falso o perverso;   9  todas son claras para quien entiende, rectas para quien tiene conocimiento.   10  Elijan mi instrucción antes que la plata, el conocimiento antes que el oro puro;   11  pues la sabiduría vale más que las perlas, con ninguna joya se la puede comparar.   12  Yo, la sabiduría, habito con la prudencia y he descubierto el arte de la reflexión.   13  (El temor del Señor odia el mal.) Detesto la altanería y la altivez, el mal camino y la lengua perversa.   14  Poseo consejo y competencia, mías son la inteligencia y el poder.   15  Por mí reinan los reyes, y los príncipes dan sentencias justas;   16  por mí gobiernan los gobernantes, y los grandes juzgan la tierra.   17  Yo amo a los que me aman, y me encuentran los que me ansían.   18  Riqueza y honor me acompañan, bienes duraderos y justicia.   19  Mi fruto es mejor que el oro puro, mis productos mejores que plata elegida.   20  Camino por sendas de justicia, por senderos de derecho,   21  para ofrecer bienes a los que me aman, para aumentar sus tesoros.   22  El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas.   23  Fui formada en un pasado lejano, antes de los orígenes de la tierra.   24  Cuando aún no había océanos, fui engendrada, cuando aún no existían los manantiales ricos en agua;   25  antes que las montañas fueran cimentadas, antes que las colinas fui engendrada.   26  No había hecho aún la tierra ni los campos, ni los primeros terrores del orbe.   27  Cuando consolidaba los cielos, allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano,   28  cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando fijaba las fuentes del océano,   29  cuando señalaba al mar su límite para que las aguas no rebasaran sus orillas, cuando establecía los cimientos de la tierra,   30  a su lado estaba yo, como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesar en su presencia;   31  jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los hombres.   32  Así, pues, hijos, escúchenme: felices quienes siguen mis caminos;   33  hagan caso a la disciplina y sean sabios; no la desprecien.   34  Feliz el hombre que me escucha, velando a mis puertas día tras día, vigilando a la entrada de mi casa.   35  Quien me encuentra, encuentra la vida y alcanza el favor del Señor;   36  quien me ofende se destruye a sí mismo, pues los que me odian, aman la muerte.