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Marcos 4 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  De nuevo se puso a enseñar a orillas del lago. Acudió a él tanta gente, que tuvo que subir a una barca que había en el lago y se sentó en ella, mientras toda la gente permanecía en tierra, a la orilla del lago.   2  Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas.   3  –¡Escuchen! Salió el sembrador a sembrar.   4  Y sucedió que, al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino. Vinieron los pájaros y se la comieron.   5  Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó en seguida, porque la tierra era poco profunda,   6  pero, en cuanto salió el sol se marchitó y se secó porque no tenía raíz.   7  Otra parte cayó entre la maleza, y cuando la maleza creció, asfixió la semilla que no dio fruto.   8  Otra parte cayó en tierra buena y creció, se desarrolló y dio fruto: el treinta, el sesenta, y hasta el ciento por uno.   9  Y añadió: –¡Quien tenga oídos para oír, que oiga!   10  Cuando quedó a solas, los que estaban a su alrededor junto con los Doce le preguntaron sobre las parábolas.   11  Jesús les dijo: –A ustedes Dios les ha confiado el misterio de su reino, pero a los de fuera todo les resulta enigmático,   12  de modo que: por más que miran, no ven, y, por más que oyen, no entienden; a no ser que se conviertan y Dios los perdone.   13  Y añadió: –¿No entienden esta parábola? ¿Cómo van a comprender entonces todas las demás?   14  El sembrador siembra el mensaje.   15  La semilla sembrada al borde del camino se parece a aquellos en quienes se siembra el mensaje, pero en cuanto lo oyen viene Satanás y les quita el mensaje sembrado en ellos.   16  Lo sembrado en terreno pedregoso se parece a aquellos que, al oír el mensaje, lo reciben en seguida con alegría,   17  pero no tienen raíz en sí mismos; son inconstantes y al llegar el sufrimiento o la persecución a causa del mensaje sucumben.   18  Otros se parecen a lo sembrado entre la maleza. Son esos que oyen el mensaje,   19  pero las preocupaciones del mundo, la seducción del dinero y la codicia de todo lo demás los invaden, ahogan el mensaje y éste queda sin fruto.   20  Lo sembrado en la tierra buena se parece a aquellos que oyen el mensaje, lo reciben y dan fruto: uno treinta, otro sesenta y otro cien.   21  Les decía también: –¿Acaso se trae la lámpara para cubrirla con una vasija de barro o ponerla debajo de la cama? ¿No es para ponerla sobre el candelero?   22  Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a conocerse.   23  ¡Quien tenga oídos para oír, que oiga!   24  Les decía además: –Pongan atención a lo que están escuchando. Con la medida con que ustedes midan, Dios los medirá, y todavía más.   25  Pues al que tenga se le dará, y al que no tenga se le quitará incluso lo que tiene.   26  Decía también: –Sucede con el reino de Dios lo mismo que con el grano que un hombre echa en la tierra.   27  No importa que él esté dormido o despierto, que sea de noche o de día. El grano germina y crece, sin que él sepa cómo.   28  La tierra da fruto por sí misma: primero un tallo, luego la espiga, después el trigo abundante en la espiga.   29  Y cuando el fruto está a punto, en seguida se corta con la guadaña, porque ha llegado la cosecha.   30  Proseguía diciendo: –¿Con qué compararemos el reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?   31  Sucede con él lo que con un grano de mostaza. Cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas.   32  Pero, una vez sembrada, crece, se hace la mayor de todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra.   33  Con muchas parábolas como éstas Jesús les anunciaba el mensaje, adaptándose a su capacidad de entender.   34  No les decía nada sin parábolas. A sus propios discípulos, sin embargo, les explicaba todo en privado.   35  Aquel mismo día, al caer la tarde, les dijo: –Pasemos a la otra orilla.   36  Ellos dejaron a la gente y lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas lo acompañaban.   37  Se levantó entonces una fuerte tempestad y las olas entraban en la barca, de manera que la barca estaba ya hundiéndose.   38  Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal, y lo despertaron, diciéndole: –Maestro ¿no te importa que nos hundamos?   39  El se levantó, ordenó calmarse al viento y dijo al lago: –¡Cállate! ¡Enmudece! El viento amainó y sobrevino una gran calma.   40  Y a ellos les dijo: –¿Por qué son tan cobardes? ¿Todavía no tienen fe?   41  Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros: –¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago lo obedecen?