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Lucas 13 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  En aquel momento llegaron unos a contarle lo de aquellos galileos, a quienes Pilato había hecho matar, mezclando su sangre con la de los sacrificios que ofrecían.   2  Jesús les dijo: –¿Piensan que aquellos galileos murieron así por ser más pecadores que los demás?   3  Les digo que no; más aún, si ustedes no se convierten, también perecerán del mismo modo.   4  Y aquellos dieciocho que murieron al desplomarse sobre ellos la torre de Siloé, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?   5  Les digo que no; y si ustedes no se convierten, todos perecerán igualmente.   6  Jesús les propuso esta parábola: –Un hombre había plantado una higuera en su viñedo, pero cuando fue a buscar fruto en la higuera, no lo encontró.   7  Entonces dijo al viñador: ­Hace ya tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. ¡Córtala! ¿Por qué ha de ocupar terreno inútilmente?   8  El viñador le respondió: «Señor, déjala todavía este año; removeré la tierra y le echaré abono,   9  a ver si comienza a dar fruto; si no lo da, entonces la cortarás».   10  Un sábado estaba Jesús enseñando en una sinagoga,   11  y había allí una mujer, que desde hacía dieciocho años estaba poseída por un espíritu que le producía una enfermedad; estaba encorvada y no podía enderezarse del todo.   12  Jesús, al verla, la llamó y le dijo: –Mujer, quedas libre de tu enfermedad.   13  Le impuso las manos, e inmediatamente se enderezó y se puso a alabar a Dios.   14  El jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús sanaba en sábado, empezó a decir a la gente: –Hay seis días en que se puede trabajar. Vengan a que él los sane en esos días y no en sábado.   15  El Señor le respondió: –¡Hipócritas! ¿No suelta cada uno de ustedes su buey o su burro del establo en sábado para llevarlo a beber?   16  Y a ésta, que es una hija de Abrahán, a la que Satanás tenía atada hace dieciocho años, ¿no convenía soltarla de su atadura en sábado?   17  Al hablar así, quedaban avergonzados todos sus adversarios, pero toda la gente se alegraba por los milagros que hacía.   18  Jesús añadió: –¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé?   19  Es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerto; creció, se convirtió en árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas.   20  De nuevo les dijo: –¿A qué compararé el reino de Dios?   21  Es como la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que fermenta todo.   22  Mientras iba de camino hacia Jerusalén, Jesús enseñaba en todos los poblados por los que pasaba.   23  Uno le preguntó: –Señor, ¿son pocos los que se salvan? Jesús le respondió:   24  –Esfuércense en entrar por la puerta angosta, porque les digo que muchos intentarán entrar pero no podrán.   25  Cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta ustedes se quedarán afuera y, aunque comienzen a tocar la puerta gritando: «¡Señor, ábrenos!», les responderá: «­¡No sé de dónde son!».   26  Entonces comenzarán a decir: ­«Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas».   27  Pero él les dirá: «­¡No sé de dónde son! ¡Apártense de mí, malvados!».   28  Entonces llorarán y les rechinarán los dientes, cuando vean a Abrahán, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras que a ustedes los habrán dejado afuera.   29  Pues vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur, a sentarse a la mesa en el reino de Dios.   30  Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.   31  Entonces se acercaron unos fariseos y le dijeron: –Vete y aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte.   32  Jesús les dijo: –Vayan y díganle a ese zorro, que expulso demonios y sano enfermos hoy y mañana, y al tercer día completaré mi obra.   33  Por lo demás, hoy, mañana y pasado tengo que continuar mi viaje, porque es impensable que un profeta muera fuera de Jerusalén.   34  ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina a sus pollitos debajo de las alas, y ustedes no han querido.   35  Pues bien, su templo quedará desierto. Y les digo que ya no me verán hasta que llegue el día en que proclamen: Bendito el que viene en nombre del Señor.