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Juan 9 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.   2  Sus discípulos, al verlo, le preguntaron: –Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Fue por un pecado de él o de sus padres?   3  Jesús respondió: –La causa de su ceguera no ha sido ni un pecado de él ni de sus padres. Nació así para que el poder de Dios pueda manifestarse en él.   4  Mientras es de día, debemos poner de manifiesto el poder del que me envió; cuando llegue la noche, nadie podrá hacerlo.   5  Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo.   6  Dicho esto, escupió en el suelo, hizo un poco de lodo con la saliva y lo extendió sobre los ojos de aquel hombre.   7  A continuación le dijo: –Ahora ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa «­Enviado»). El ciego fue, se lavó y, cuando regresó, ya veía.   8  Sus vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, comentaban: –¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?   9  Unos decían: –Sí, es el mismo. Otros, en cambio, negaban que se tratara del mismo y decían: –No es él, sino uno parecido a él. Pero él decía: –Soy yo mismo.   10  Ellos le preguntaron: –¿Y cómo has conseguido ver?   11  El les contestó: –Ese hombre que se llama Jesús hizo un poco de lodo con su saliva, lo extendió sobre los ojos y me dijo: «­Ve a lavarte a la piscina de Siloé». Fui, me lavé y comencé a ver.   12  Le preguntaron: –¿Y dónde está ahora ese hombre? El les dijo: –No lo sé.   13  Llevaron ante los fariseos al hombre que había estado ciego,   14  pues el día en que Jesús había hecho lodo con su saliva y había dado la vista al ciego, era sábado.   15  Por eso los fariseos preguntaban a aquel hombre cómo había obtenido la vista. El les contestó: –Extendió un poco de lodo sobre mis ojos, me lavé y ahora veo.   16  Algunos de los fariseos decían: –Este hombre no puede venir de parte de Dios, porque no respeta el sábado. Pero otros se preguntaban: –¿Cómo puede un hombre pecador hacer estos signos? Esto provocó división entre ellos.   17  Entonces volvieron a preguntarle: –¿Qué opinas tú sobre el que te dio la vista? Respondió: –Que es un profeta.   18  Los judíos no querían creer que aquel hombre había estado ciego y que había comenzado a ver. Llamaron, pues, a sus padres,   19  y les preguntaron: –¿Es éste su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?   20  Los padres respondieron: –Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego.   21  Cómo es que ahora ve no lo sabemos, ni sabemos quién le ha dado la vista. Pregúntenselo a él; tiene edad suficiente para responder por sí mismo.   22  Los padres respondieron así por miedo a los judíos, pues éstos habían tomado la decisión de expulsar de la sinagoga a todos los que reconocieran que Jesús era el Mesías.   23  Por eso sus padres dijeron: «Pregúntenselo a él, que ya tiene edad suficiente».   24  Entonces llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron: –Dinos la verdad delante de Dios. Sabemos que este hombre es un pecador.   25  Entonces él respondió: –Yo no sé si es un pecador o no. Lo único que sé es que yo antes era ciego y ahora veo.   26  Y volvieron a preguntarle: –¿Qué fue lo que hizo contigo? ¿Cómo te dio la vista?   27  El les contestó: –Lo he dicho ya y no me han hecho caso, ¿para qué quieren oírlo otra vez? ¿O es que quieren también ustedes hacerse sus discípulos?   28  Ellos entonces comenzaron a insultarlo: –Discípulo de ese hombre lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.   29  Nosotros sabemos muy bien que Dios habló a Moisés; en cuanto a éste, ni siquiera sabemos de dónde es.   30  El contestó: –Esto es lo sorprendente. Resulta que a mí me ha dado la vista y ustedes ni siquiera saben de dónde es.   31  Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; en cambio, escucha a todo aquél que le da culto y cumple su voluntad.   32  Jamás se ha oído decir que alguien haya dado la vista a un ciego de nacimiento.   33  Si este hombre no viniera de Dios, no habría podido hacer nada.   34  Ellos respondieron: –¿Es que pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás lleno de pecado desde que naciste? Y lo echaron fuera.   35  Jesús se enteró de que lo habían echado fuera, y cuando se encontró con él, le preguntó: –¿Crees en el Hijo del hombre?   36  El ciego le preguntó: –Y ¿quién es, Señor, para que pueda creer en él?   37  Jesús le contestó: –Ya lo has visto. Es el que está hablando contigo.   38  Entonces aquel hombre dijo: –Creo, Señor. Y se postró ante él.   39  A continuación, Jesús declaró: –Yo he venido a este mundo para un juicio: para que vean los que no ven y para que los que ven se queden ciegos.   40  Al oír esto, algunos fariseos le preguntaron: –¿Acaso también nosotros estamos ciegos?   41  Jesús respondió: –Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen que ven, su pecado permanece.