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Juan 12 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Seis días antes de la fiesta judía de la pascua, llegó Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.   2  Ofrecieron allí una cena en honor de Jesús. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él.   3  Entonces María se presentó con un frasco de perfume muy caro, casi medio litro de nardo puro y ungió con él los pies de Jesús; después los secó con sus cabellos. La casa se llenó con la fragancia del perfume.   4  Judas Iscariote, uno de los discípulos –el que lo iba a traicionar– protestó, diciendo:   5  –¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para repartirlo entre los pobres?   6  Si dijo esto, no fue porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero común, robaba de lo que echaban en ella.   7  Jesús le dijo: –¡Déjala en paz! Esto que ha hecho anticipa el día de mi sepultura.   8  Además, a los pobres los tendrán siempre con ustedes; a mí, en cambio, no siempre me tendrán.   9  Un gran número de judíos se enteró de que Jesús estaba en Betania y fueron allá, no sólo para ver a Jesús, sino también a Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos.   10  Los jefes de los sacerdotes tomaron entonces la decisión de eliminar también a Lázaro,   11  porque, por su causa, muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.   12  Al día siguiente, cuando los muchos peregrinos que habían llegado a la ciudad para la fiesta, se enteraron de que Jesús se acercaba a Jerusalén,   13  cortaron ramos de palmera y salieron a su encuentro, gritando: –¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el rey de Israel!   14  Jesús encontró a mano un burro y se montó sobre él. Así lo había predicho la Escritura:   15  No temas, hija de Sión; mira, tu rey viene a ti montado sobre un burro.   16  Al principio, sus discípulos no comprendieron estas palabras, pero cuando Dios glorificó a Jesús, cayeron en la cuenta de que aquellas palabras de la Escritura se referían a él y se habían cumplido en él.   17  Los que estaban con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos, daban testimonio de lo que habían visto.   18  Por eso la gente salió al encuentro de Jesús, porque habían oído contar el signo que había hecho.   19  Ante esto, los fariseos comentaban entre sí: –Está bien claro que no conseguimos nada; todo el mundo lo sigue.   20  Entre los que habían llegado a Jerusalén para dar culto a Dios con ocasión de la fiesta, había algunos griegos.   21  Estos se acercaron a Felipe, que era natural de Betsaida de Galilea, y le dijeron: –Señor, queremos ver a Jesús.   22  Felipe se lo dijo a Andrés, y los dos juntos se lo hicieron saber a Jesús.   23  Jesús contestó: –Ha llegado la hora en que Dios va a glorificar al Hijo del hombre.   24  Yo les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere dará fruto abundante.   25  Quien aprecie su vida terrena, la perderá; en cambio, quien sepa desprenderse de ella, la conservará para la vida eterna.   26  Si alguien quiere servirme, que me siga; correrá la misma suerte que yo. Todo aquel que me sirva será honrado por mi Padre.   27  Me encuentro profundamente angustiado; pero, ¿qué es lo que puedo decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? De ningún modo; porque he venido precisamente para aceptar esta hora.   28  Padre, glorifica tu nombre. Entonces se oyó esta voz venida del cielo: –Yo lo he glorificado y volveré a glorificarlo.   29  De los que estaban presentes, unos creyeron que había sido un trueno; otros decían: –Le ha hablado un ángel.   30  Jesús explicó: –Esta voz se ha dejado oír no por mí, sino por ustedes.   31  Es ahora cuando el mundo va a ser juzgado; es ahora cuando el que tiraniza a este mundo va a ser arrojado fuera.   32  Y yo una vez que haya sido elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.   33  Con esta afirmación, Jesús quiso dar a entender la forma en que iba a morir.   34  La gente dijo: –Nuestra ley nos enseña que el Mesías no morirá nunca. Entonces, ¿qué quieres decir con eso de que el Hijo del hombre tiene que ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?   35  Jesús les respondió: –Todavía está la luz entre ustedes, pero no por mucho tiempo. Caminen mientras tengan esta luz, para que no los sorprenda la oscuridad. Porque el que camina en la oscuridad no sabe a dónde se dirige.   36  Mientras tengan la luz, crean en ella; solamente así serán hijos de la luz. Después de decir todo esto, Jesús se retiró y se escondió de ellos.   37  A pesar de que Jesús había hecho tantos signos, no creían en él;   38  así se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje? ¿A quién ha sido manifestado el poder del Señor?   39  El mismo Isaías había indicado la razón por la cual no podían creer:   40  El Señor ha cegado sus ojos y ha endurecido su corazón, de modo que no vean con sus ojos ni comprendan con su corazón, ni se conviertan a mí, para que yo los sane.   41  Isaías anunció esto, porque había visto la gloria de Jesús y por eso hablaba de él.   42  Sin embargo, fueron muchos los que creyeron en Jesús incluso entre los personajes importantes. Pero no se atrevían a manifestarlo públicamente a causa de los fariseos, por miedo a ser expulsados de la sinagoga.   43  Para ellos contaba más tener buena fama ante la gente que ante Dios.   44  Jesús afirmó solemnemente: –El que cree en mí, no solamente cree en mí, sino también en el que me ha enviado;   45  y el que me ve a mí, ve también al que me ha enviado.   46  Yo he venido al mundo como la luz, para que todo el que crea en mí no siga en la oscuridad.   47  No seré yo quien condene al que escuche mis palabras y no haga caso de ellas; porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo.   48  Para aquel que me rechaza y no acepta mis palabras hay un juez: las palabras que yo he pronunciado serán las que lo condenen en el último día.   49  Porque yo no he hablado en virtud de mi propia autoridad; el Padre que me envió es el que me ordena lo que debo decir y enseñar.   50  Y sé que su enseñanza lleva a la vida eterna. Así pues, lo que yo digo, es lo que me ha dicho el Padre.