1 La sola vista del Leviatán da miedo; es de ilusos esperar vencerlo 2 y nadie hay tan audaz que se atreva a provocarlo. ¿Quién puede resistirlo frente a frente? 3 ¿Quién lo atacó y salió ileso? ¡Ninguno bajo los cielos! 4 Voy a describir también sus miembros, hablaré de su fuerza sin igual. 5 ¿Quién logró desgarrar su dura piel y penetrar por su doble coraza? 6 ¿Quién abrió la puerta de sus fauces, rodeada de dientes terroríficos? 7 Su espalda está protegida con escamas sólidamente soldadas; 8 están tan apretadas entre sí, que ni el viento puede pasar entre ellas; 9 están pegadas una con otra, trabadas sin dejar separación. 10 Su estornudo lanza rayos, sus ojos brillan como los destellos del alba. 11 Su hocico despide llamaradas, arroja chispas de fuego; 12 de sus narices sale humo como de una caldera hirviendo; 13 su aliento encendería carbones, una llama sale de su hocico. 14 En su cuello reside la fuerza, y ante él cunde el pánico. 15 Su carne es compacta, firmemente pegada a su cuerpo; 16 su corazón es duro como roca, duro como piedra de molino. 17 Cuando se levanta se asustan los valientes, el terror los hace retroceder. 18 La espada que lo alcanza no lo hiere, ni tampoco la lanza, la flecha o la jabalina; 19 para él, el hierro es paja y el bronce, madera carcomida; 20 no lo ahuyenta la flecha, polvo son para él las piedras de la onda; 21 como golpe de caña le resulta un garrotazo, se ríe del silbido de la flecha. 22 Tiene bajo el vientre escamas puntiagudas, que arañan el fango como un rastrillo. 23 Hace hervir al abismo como una olla, hace del mar una caldera hirviente; 24 deja detrás de sí una estela brillante, y el mar parece una melena blanca. 25 Nadie en la tierra se le asemeja, es una criatura sin miedo; 26 hasta a los más arrogantes hace frente. ¡Es el rey de todas las fieras!