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Judit 16 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Alaben a mi Dios con panderos, canten al Señor con címbalos, entónenle un canto de alabanza, engrandezcan e invoquen su nombre.   2  Porque el Señor es un Dios que pone fin a las guerras, porque en su campamento, en medio de su pueblo, me ha librado de mis tenaces perseguidores.   3  Desde las montañas del norte vino Asiria. Vino con sus ejércitos a millares. Las multitudes obstruían los valles. Sus caballos cubrían las colinas.   4  Pretendió incendiar mis montañas, aniquilar a mis muchachos con la espada, estrellar a mis pequeños contra el suelo, apoderarse de mis niños y raptar a mis doncellas.   5  Pero el Señor todopoderoso se sirvió de una mujer para rechazarlos.   6  No fueron jóvenes vigorosos, los que aniquilaron a su héroe, ni lo destrozaron razas de titanes, ni altísimos gigantes lo vencieron. Fue Judit, hija de Merarí, quien lo destruyó con la belleza de su rostro.   7  Se quitó su luto de viuda para levantar a los afligidos de Israel. Ungió su rostro con perfume,   8  recogió sus cabellos con una diadema y se vistió de lino para seducirlo.   9  Sus sandalias deslumbraron sus ojos y su belleza le cautivó el alma, pero la espada cortó su cuello.   10  Los persas se estremecieron ante su audacia y los medos se turbaron ante su atrevimiento.   11  Entonces mis humildes clamaron, y ellos se asustaron; mis débiles prorrumpieron en gritos, y ellos temblaron; cuando levantaron su voz, quedaron confundidos.   12  Los traspasaron como a hijos de mujerzuelas, los hirieron como a hijos de desertores; perecieron por la acción de mi Señor.   13  Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: Señor, ¡qué grande y glorioso eres! ¡Qué admirable y sublime tu fuerza!   14  Que todas las criaturas te sirvan, porque hablaste y comenzaron a existir, enviaste tu aliento y existieron. No hay quien resista a tu voz.   15  Las aguas sacudirán los cimientos de las montañas; las piedras se derretirán como cera ante ti; pero tú serás siempre propicio a tus fieles.   16  Poco valen ante ti los sacrificios de suave olor, ningún valor tiene la grasa de los holocaustos, pero el que respeta al Señor será siempre grande.   17  ¡Ay de las naciones que atacan a mi raza! El Señor omnipotente las condenará en el día del juicio; meterá en sus carnes fuego y gusanos y llorarán atormentados para siempre.   18  Cuando llegaron a Jerusalén, adoraron a Dios y, una vez purificados, ofrecieron sus holocaustos, ofrendas votivas y sacrificios voluntarios.   19  Judit consagró a Dios todos los objetos que habían pertenecido a Holofernes: todos los que el pueblo le había dado, y la cubierta que ella misma había arrancado de la tienda de Holofernes.   20  Durante tres meses estuvo el pueblo alegrándose en Jerusalén ante el templo y Judit los acompañó.   21  Pasados estos días, regresaron todos a su casa. También Judit regresó a Betulia y se dedicó a su hacienda. Mientras vivió fue muy famosa en todo el país.   22  Muchos la pretendieron, pero con ninguno quiso casarse desde que murió su marido, Manasés, hasta que también a ella le llegó la muerte.   23  Su fama fue creciendo sin cesar. Se hizo vieja en la casa de su marido y llegó a cumplir ciento cinco años. Dio la libertad a su criada. Murió en Betulia y la enterraron en la sepultura de su marido Manasés.   24  Los israelitas guardaron luto durante siete días en su honor. Antes de morir había distribuido sus bienes entre los parientes de su marido, Manasés, y los parientes de su propia familia.   25  Mientras vivió Judit y durante mucho tiempo después de su muerte, nadie volvió a atemorizar a los israelitas.