1 Envíen corderos al soberano del país desde Selá, en el desierto, hasta el monte de Jerusalén. 2 (Como pájaros espantados arrojados de su nido, así van los moabitas por los pasos del río Arnón). 3 Danos consejo –suplican– toma una decisión, que tu sombra nos proteja a mediodía como si fuera de noche; esconde a los fugitivos, no delates al que huye; 4 deja que vivan contigo los fugitivos de Moab; sé tú su refugio frente al opresor. Cuando cese la tiranía, termine la opresión, y el opresor desaparezca del país, 5 entonces por tu amor se consolidará un trono en la tienda de David; se sentará firmemente sobre él un juez que busque el derecho y practique la justicia. 6 Hemos oído hablar de la soberbia desmedida de Moab, de su orgullo, soberbia e insolencia, de sus estériles fanfarronadas. 7 Por eso los moabitas se lamentan por Moab, todos juntos se lamentan. Por los pasteles de pasas de Quir-Jaréset suspiran todos apenados. 8 Se han marchitado los campos de Jesbón, los viñedos de Sibmá. Los señores de las naciones destrozaron sus sarmientos; se alargaban hasta Yazer, se perdían en el desierto, y sus ramas se extendían más allá del mar. 9 Por eso voy a llorar como llora Yazer, por los viñedos de Sibmá. Las regaré con mis lágrimas, Elalé y Jesbón. Se acabaron los cantares de la cosecha y la vendimia; 10 la alegría y el gozo han cesado en el campo, ya no hay quien cante ni grite de alegría en el viñedo; no hay quien pise la uva en el lagar, ni se escuchan sus canciones. 11 Por eso mis entrañas vibran como un arpa a causa de Moab y mi corazón a causa de Quir-Jaréset. 12 Y aunque Moab no cese de dar culto en los altozanos, aunque vaya a orar a su santuario, de nada le servirá. 13 Este es el oráculo pronunciado hace tiempo por el Señor contra Moab. 14 Y ahora dice el Señor: «Dentro de tres años justos, será humillada la nobleza de Moab. También la gente del pueblo, por numerosa que sea, caerá; quedará un pequeño resto, impotente y desprotegido».