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Hebreos 7 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Este Melquisedec, rey de Salén y sacerdote del Dios altísimo, salió al encuentro de Abrahán cuando éste regresaba de vencer a los reyes y lo bendijo.   2  Abrahán, por su parte, le dio el diezmo de todo. Melquisedec cuyo nombre significa en primer lugar rey de justicia y luego rey de Salén, es decir rey de paz,   3  se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados; no se conoce el comienzo ni el fin de su vida, y así, a semejanza del Hijo de Dios, es sacerdote para siempre.   4  Consideren, pues, la grandeza de aquel a quien el patriarca Abrahán dio el diezmo del botín.   5  También los descendientes de Leví que reciben el sacerdocio tienen, según la ley, el derecho de exigir el diezmo de los bienes del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque éstos sean también de la descendencia de Abrahán.   6  Pero Melquisedec, que no pertenecía al mismo pueblo, recibió el diezmo de los bienes de Abrahán y bendijo al que Dios había hecho depositario de sus promesas.   7  Ahora bien, no hay duda alguna de que es el superior quien bendice al inferior.   8  Además, los descendientes de Leví que reciben ese diezmo son hombres mortales, mientras que de Melquisedec se atestigua que vive.   9  El mismo Leví, que percibe ese diezmo, lo pagó a Melquisedec, por decirlo así, en la persona de Abrahán,   10  pues Leví estaba ya presente en las entrañas de su antepasado Abrahán cuando Melquisedec salió al encuentro de éste.   11  Pues bien, si la perfección se lograra a través del sacerdocio levítico, bajo el cual recibió el pueblo la ley, ¿qué necesidad había de hacer surgir otro sacerdote a la manera de Melquisedec, teniendo ya uno a la manera de Aarón?   12  Porque el cambio de sacerdocio lleva consigo necesariamente el cambio de la ley.   13  En efecto, Jesús de quien se dice esto, pertenecía a una tribu que jamás estuvo al servicio del altar,   14  pues, como se sabe, nuestro Señor salió de la tribu de Judá, de la que Moisés no dijo nada a propósito del sacerdocio.   15  Esto es aún más evidente, si surge otro sacerdote que, a semejanza de Melquisedec,   16  no lo es en virtud de un sistema de leyes terrenas, sino por la fuerza de una vida indestructible,   17  pues así está testificado: Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec.   18  Con esto queda abolido el sistema anterior, a causa de su impotencia y debilidad,   19  porque la ley no ha llevado nada a la perfección; únicamente es la puerta de una esperanza mejor, por la que nos acercamos a Dios.   20  Además, nada de esto se ha hecho sin juramento. Pues mientras los descendientes de Leví llegaron a ser sacerdotes sin mediar ningún juramento,   21  en el caso de Jesús ha mediado el juramento de quien le dijo: El Señor lo ha jurado y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre.   22  Por eso Jesús es quien garantiza una alianza superior.   23  Por otra parte, mientras que los otros sacerdotes fueron muchos, porque la muerte les impedía perdurar,   24  éste, en cambio, como permanece para siempre, posee un sacerdocio que no pasará.   25  Y por eso también puede perpetuamente salvar a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos.   26  Tal es, en efecto, el sumo sacerdote que nos hacía falta: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos.   27  El no tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer cada día sacrificios por sus propios pecados antes de ofrecerlos por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo.   28  Y es que la ley constituye sumos sacerdotes a hombres frágiles, pero la palabra del juramento, que es posterior a la ley, constituye sumo sacerdote al Hijo, a quien Dios hizo perfecto para siempre.