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Hebreos 10 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  La ley no es más que una sombra de los bienes futuros, y no la realidad misma de las cosas. Por eso, no puede hacer perfectos a través de estos mismos sacrificios a quienes cada año se acercan a ofrecerlos.   2  De lo contrario, ¿no se habrían dejado de ofrecer, ya que quienes los ofrecen, una vez purificados, ya no tendrían conciencia alguna de pecado?   3  Sin embargo, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo de los pecados,   4  porque es imposible que la sangre de los toros y de los chivos quite los pecados.   5  Por eso, al entrar en este mundo, dice Cristo: No has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo;   6  no has aceptado holocaustos ni sacrificios por el pecado.   7  Entonces yo dije: Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un capítulo del libro.   8  En primer lugar dice: No has querido ni has aceptado los sacrificios, ofrendas, holocaustos ni víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley.   9  Después añade: Aquí vengo para hacer tu voluntad. De este modo anula la primera disposición y establece la segunda.   10  Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.   11  Cualquier otro sacerdote se presenta cada día para celebrar el culto y ofrecer continuamente los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados.   12  Cristo, por el contrario, no ofreció más que un sacrificio por el pecado, y se sentó para siempre a la derecha de Dios.   13  Unicamente espera que Dios ponga a sus enemigos como estrado de sus pies.   14  Con esta única ofrenda ha hecho perfectos de una vez para siempre a quienes han sido consagrados a Dios.   15  Es lo que también nos atestigua el Espíritu Santo, pues después de haber dicho:   16  Esta es la alianza que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en sus mentes. Añade:   17  Y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.   18  Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de ofrenda por el pecado.   19  Así pues, hermanos, ya que tenemos libre entrada en el santuario gracias a la sangre de Jesús,   20  el cual inauguró para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo, es decir, de su cuerpo,   21  y ya que tenemos un gran sacerdote en la casa de Dios,   22  acerquémonos con corazón sincero, con plena confianza, purificado el corazón de todo mal de que tuviéramos conciencia, y lavado el cuerpo con agua pura.   23  Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, pues quien nos ha hecho la promesa es digno de confianza.   24  Procuremos animarnos unos a otros para poner en práctica el amor y las buenas obras;   25  no abandonemos nuestras reuniones, como algunos tienen por costumbre, sino fortalezcámonos mutuamente, tanto más cuanto que ya ven que el día se acerca.   26  Porque, si pecamos voluntariamente después de haber recibido el pleno conocimiento de la verdad, ya no hay más sacrificio por nuestros pecados,   27  sino sólo la terrible espera del juicio y el fuego ardiente que consumirá a los rebeldes.   28  Si el que quebranta la ley de Moisés es condenado a muerte sin compasión por la declaración de dos o tres testigos,   29  ¿no merecerá un castigo mucho mayor el que pisotee al Hijo de Dios, el que profane la sangre de la alianza con la que fue consagrado, el que ofenda al Espíritu de la gracia?   30  Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza; yo daré a cada uno según su merecido. Y también: El Señor juzgará a su pueblo.   31  ¡Es terrible caer en manos del Dios vivo!   32  Recuerden aquellos primeros tiempos en los que, después de haber sido iluminados, soportaron un combate tan grande y doloroso.   33  Algunos fueron públicamente injuriados y tuvieron que sufrir tormentos; otros se hicieron solidarios con los que tales cosas soportaban.   34  Tuvieron, en efecto, compasión de los encarcelados, soporbienes, sabiendo que tenían riquezas mejores y más duraderas.   35  No pierdan, pues, esta confianza, que las proporcionará una gran recompensa.   36  Pues tienen necesidad de perseverar, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, abtengan la promesa.   37  Porque, dentro de muy poco tiempo, el que tiene que venir vendrá sin retraso;   38  y mis justo vivirá por la fe; pero, si retrocede cobardemente, ya no me agradará.   39  Pero nosotros no somos de los que retroceden cobardemente y terminan sucumbiendo, sino de aquellos que buscan salvarse por medio de la fe.