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Génesis 37 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Jacob se estableció en la tierra donde había residido su padre, en la tierra de Canaán.   2  Esta es la historia de la familia de Jacob. José tenía diecisiete años y apacentaba el rebaño con sus hermanos, los hijos de Balá y de Zilpá, mujeres de su padre. José comunicó a su padre que éstos tenían mala fama.   3  Israel amaba a José más que a los demás hijos, porque lo había tenido siendo ya viejo, y mandó que le hicieran una túnica de mangas largas.   4  Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a sus otros hijos, empezaron a odiarlo y ni siquiera lo saludaban.   5  Un día José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos, haciendo crecer su odio hacia él. Les dijo:   6  –Escuchen el sueño que he tenido.   7  Estábamos nosotros atando gavillas en el campo; mi gavilla se alzó y se mantuvo derecha, mientras que las de ustedes estaban alrededor de la mía y se inclinaban ante ella.   8  Sus hermanos dijeron: –¿Es que vas a ser tú rey y señor nuestro? Y le tuvieron más odio aún debido a sus sueños y a sus palabras.   9  José tuvo otro sueño, y se lo contó también a sus hermanos, diciendo: –He tenido otro sueño: Veía que el sol, la luna y once estrellas se postraban ante mí.   10  Se lo contó a su padre y a sus hermanos, y su padre lo reprendió diciéndole: –¿Qué sueño es ése que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos tendremos que postrarnos ante ti?   11  Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre meditaba todo esto.   12  Sus hermanos habían ido a cuidar las ovejas de su padre a Siquén.   13  Israel dijo a José: –Tus hermanos están cuidando las ovejas en Siquén; ven, que quiero enviarte adonde están ellos. El respondió: –Aquí me tienes.   14  Su padre le dijo: –Anda, vete a ver cómo están tus hermanos y el rebaño, y tráeme noticias. Lo envió, pues, desde el valle de Hebrón, y José llegó a Siquén.   15  Un hombre lo encontró andando de un lado a otro por el campo y le preguntó: –¿Qué buscas?   16  Respondió José: –Busco a mis hermanos.   17  Díme, por favor, dónde están cuidando el rebaño. Aquel hombre le dijo: –Ya se han ido de aquí. Les oí decir que iban hacia Dotán. José continuó buscando a sus hermanos y los encontró en Dotán.   18  Ellos lo vieron de lejos y, antes que se acercara, se pusieron de acuerdo para matarlo.   19  Decían: –Ahí viene el soñador.   20  Vamos a matarlo. Lo echaremos en cualquiera de estos pozos, y luego diremos que una fiera salvaje lo devoró; a ver en qué paran sus sueños.   21  Al oír esto Rubén, intentando salvarlo de sus manos, dijo: –¡No, matarlo no!   22  Y añadió: –No derramen su sangre; échenlo en este pozo que hay en el desierto, pero no le hagan daño. Lo dijo para librarlo de sus manos y devolverlo luego a su padre.   23  Cuando llegó José junto a sus hermanos, le quitaron su túnica, la túnica de mangas largas que llevaba,   24  lo agarraron y lo echaron en el pozo. Era un pozo seco en el que no había agua.   25  Después se sentaron a comer. Levantando la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad con camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra, en ruta hacia Egipto.   26  Entonces Judá propuso a sus hermanos: –¿Qué sacamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte?   27  Propongo que se lo vendamos a los ismaelitas sin hacerle ningún daño, pues es nuestro hermano y carne nuestra. Sus hermanos aprobaron lo dicho;   28  y cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José del pozo, lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y éstos se lo llevaron a Egipto.   29  Regresó luego Rubén al pozo, y al ver que José no estaba allí, se rasgó las vestiduras;   30  luego fue adonde estaban sus hermanos, y dijo: –¡El muchacho no esta allí! Y yo ¿qué hago ahora?   31  Ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en sangre.   32  Luego enviaron a su padre la túnica de mangas largas con este mensaje: «Hemos encontrado esto; mira a ver si es la túnica de tu hijo».   33  El la examinó y dijo: –¡Es la túnica de mi hijo! Una fiera salvaje lo ha devorado; José ha sido despedazado.   34  Y Jacob rasgó sus vestiduras, se vistió de luto e hizo duelo por su hijo durante muchos días.   35  Sus hijos y sus hijas fueron todos a consolarlo, pero él rechazaba todo consuelo, y repetía: –Estaré de luto hasta que baje con mi hijo al sepulcro. Y lloraba por él.   36  Entre tanto los madianitas lo habían vendido en Egipto a Putifar, ministro y alto funcionario del faraón.