Carta de Jeremías 1

1Por los pecados que han cometido contra Dios, ustedes van a ser deportados a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios. 2Llegados a Babilonia, permanecerán allí largos años, mucho tiempo, hasta siete generaciones; pero después los sacaré de allí en paz. 3Verán en Babilonia dioses de plata, oro y madera, que son llevados a hombros y que inspiran reverencia a los paganos. 4Tengan cuidado de no imitar a esos extranjeros; no den culto a esos dioses. 5Cuando vean la multitud de adoradores que los cercan por delante y por detrás, digan en su corazón: ¡A ti sólo hay que adorar, Señor! 6Porque mi ángel está con ustedes y cuidará de sus vidas. 7La lengua de esos dioses es obra de un artesano, y están recubiertos de oro y plata; así que son falsos y no pueden hablar. 8La gente fabrica coronas de oro para adornar la cabeza de esos dioses, como si se tratara de una joven a quien le gusta presumir. 9Incluso a veces los sacerdotes roban a sus dioses el oro y la plata para sus propios gastos, y hasta hacen con ellos regalos a las prostitutas del templo. 10Los adornan también con vestidos como si fueran hombres; pero son simples dioses de plata, oro y madera que no pueden librarse ni del óxido ni de la polilla. 11Están vestidos de terciopelo, pero hay que limpiarles el polvo del templo que se acumula en su cara. 12Algunos llevan el bastón de mando en su mano como los gobernadores de provincia, pero no podrían condenar a muerte a quien los ofende. 13Otros empuñan la espada o el hacha en su mano derecha, pero no podrían defenderse en caso de guerra o si son atacados por bandidos. 14Es evidente, pues, que no son dioses. No les tengan miedo. 15Igual que una vasija rota resulta inservible, así son los dioses que han colocado en sus templos. 16Tienen los ojos llenos del polvo que levantan los pies de quienes entran allí. 17Igual que se encierra con fuertes cerraduras a quien ha ofendido al rey y va a ser ajusticiado, así los sacerdotes aseguran sus templos con puertas, cerrojos y trancas, para que los dioses no sean robados por los ladrones. 18Les encienden más luces de las que necesitarían para ellos mismos, y sin embargo esos dioses no pueden ver ninguna. 19Son como las vigas del templo, que, según se dice, están carcomidas en su interior por gusanos que salen de la tierra y que los devoran a ellos y a sus vestidos sin que se den cuenta. 20Sus caras están ennegrecidas por el humo del templo. 21Sobre su cuerpo y sus cabezas revolotean lechuzas, murciélagos y otros pájaros; también saltan los gatos. 22Es evidente, pues, que no son dioses. No les tengan miedo. 23El oro que los recubre es para embellecerlos; pero si alguien no lo limpia, quedará sin brillo. Cuando eran modelados al fuego no se daban cuenta. 24A precios carísimos fueron comprados, aunque no hay en ellos soplo de vida. 25Como no tienen pies, son llevados a hombros, mostrando así ante los hombres su deshonra. Y quedan también en vergüenza sus servidores, al ver que si esos dioses caen por tierra, necesitan ayuda para poder levantarse. 26Si se los pone de pie, no pueden ponerse en movimiento por sí mismos; si caen de lado, no pueden enderezarse; hacerles ofrendas es como hacérselas a un muerto. 27Sus sacerdotes se aprovechan de la venta de las víctimas sacrificadas a esos dioses; y lo mismo hacen las mujeres de los sacerdotes, poniendo en conserva parte de las víctimas y no reservando nada para el pobre y el enfermo. Las mujeres cuando tienen la menstruación, o después de dar a luz, no tienen inconveniente en tocar sus sacrificios. 28Es evidente, pues, por todo esto que no son dioses. No les tengan miedo. 29¿Cómo se les puede llamar dioses si son mujeres las que ofrecen dones a esos dioses de plata, oro y madera? 30En sus templos los llevan en procesión los sacerdotes con las túnicas desgarradas, con pelo y barba rapados y con la cabeza descubierta. 31Vociferan y gritan ante sus dioses, como quienes están en un banquete fúnebre. 32Los sacerdotes les quitan sus ropas para vestir a sus mujeres y sus hijos. 33Si alguien les hace mal o bien, no pueden darle su merecido. No pueden poner ni quitar rey; 34tampoco dar riquezas ni dinero. Si alguien les hace un voto y no lo cumple, no le piden cuentas. 35No libran a nadie de la muerte ni arrancan al débil de la mano del poderoso. 36No devuelven la vista al ciego ni sacan al necesitado de la angustia. 37No sienten piedad por la viuda ni hacen bien al huérfano. 38Esos dioses de madera, recubiertos de oro y plata, se parecen a las peñas de los montes. Quienes les dan culto quedarán avergonzados. 39¿Cómo, pues, se puede creer o decir que son dioses? 40Los mismos caldeos los deshonran, cuando ven a un mudo que no puede hablar y van y se lo presentan a Bel pidiéndole que le haga hablar; ¡cómo si él pudiera oírles! 41Y aunque lo saben, son incapaces de abandonar a esos dioses que nada pueden sentir. 42Mujeres llevando cinturones se sientan junto a los caminos quemando como si fuera incienso los residuos del trigo; 43y cuando una de ellas, solicitada por algún transeúnte, se acuesta con él, se burla de su vecina porque no ha sido elegida como ella y porque sus cordones no han sido todavía rotos. 44Así, todo lo que hacen en honor de esos dioses es falsedad. ¿Cómo, pues, se puede creer o decir que son dioses? 45Han sido modelados por artesanos y orfebres, y no son más que lo que sus autores quieren que sean. 46Quienes los han hecho no viven mucho tiempo: ¿Cómo van a ser dioses lo que ellos fabrican? 47No dejan a su descendencia más que mentira y vergüenza. 48Cuando sobreviene una guerra o alguna calamidad, los sacerdotes consultan unos a otros dónde refugiarse con sus dioses. 49¿Cómo no comprender que no son dioses los que no pueden salvarse de la guerra o de otra desgracia? 50Se terminará por reconocer que estos trozos de madera recubiertos de oro y plata no son más que mentira. Todos, naciones y reyes, verán claramente que no son dioses, sino simples creaciones humanas sin ninguna capacidad para actuar sobrenaturalmente. 51¿A quién, pues, no le resulta evidente que no son dioses? 52No pueden nombrar a nadie rey de un país ni pueden proporcionar lluvia a los hombres. 53Son incapaces de hacer valer lo que es justo o de evitar lo injusto, porque no pueden nada. Son como cuervos que vuelan entre el cielo y la tierra. 54Y si llega a incendiarse el templo de esos dioses de madera, recubiertos de oro y plata, sus sacerdotes huyen y se ponen a salvo, pero ellos se queman como troncos entre las llamas. 55No pueden hacer frente a un rey o a otros enemigos. 56¿Cómo, pues, admitir o creer que son dioses? 57Esos dioses de madera, cubiertos de oro y plata no pueden salvarse de los ladrones y de los asaltantes, pues al ser más fuertes que ellos, les quitan el oro, la plata y los vestidos que los recubren, y se van con todo eso sin que los dioses puedan socorrerse a sí mismos. 58Vale más ser un rey que da muestras de poder o un objeto útil en una casa, del cual se sirve su dueño, que no esos falsos dioses. Vale más una puerta que proteja lo que se guarda en una casa, o una columna de madera en un palacio, que esos falsos dioses. 59El sol, la luna y las estrellas brillan y desempeñan sus funciones dócilmente; 60también el relámpago, cuando aparece, se ve desde todas partes. Igualmente el viento sopla en todo lugar, 61las nubes ejecutan la orden que Dios les da de recorrer toda la tierra, y el fuego, enviado de lo alto a consumir montañas y bosques, hace lo que se le manda. 62Pero esos dioses no son comparables a ellos ni en belleza ni en poder. 63Por eso no se puede creer ni decir que son dioses, ya que no son capaces de salvar, ni de favorecer a los hombres. 64Es evidente, pues, que no son dioses. No les tengan miedo. 65No pueden ni maldecir ni bendecir a los reyes; 66no pueden mostrar a los pueblos señales prodigiosas en el cielo ni brillar como el sol ni alumbrar como la luna. 67Los animales se valen mejor que ellos, porque pueden protegerse a sí mismos, poniéndose a cubierto. 68Así que por ningún lado aparece que sean dioses. Por eso, no les tengan miedo. 69Como un espantapájaros en un campo de melones, que no protege nada, así son sus dioses de madera, recubiertos de oro y plata. 70Como el espino de un huerto, en el que se posan toda clase de pájaros, o como un cadáver tirado en la oscuridad, así son sus dioses de madera, recubiertos de oro y plata. 71Por el lino y el terciopelo, que se les pudre encima, conocerán que no son dioses. Ellos mismos serán finalmente carcomidos y serán la burla del país. 72Lo que de veras vale es el hombre recto, que nada tiene que ver con los ídolos; él no quedará confundido.

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