BDA
Audio:
Drama
  • Drama
  • Non-Drama
Text Size

Daniel 3 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro de treinta metros de alta por tres de ancha y mandó colocarla en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.   2  Luego el rey Nabucodonosor mandó convocar a los gobernadores de cada región y de cada provincia, a los jefes, consejeros, tesoreros, abogados, jueces y a todas las autoridades de las provincias, para que asistieran a la dedicación de la estatua que había mandado fabricar.   3  Se reunieron, pues, los gobernadores de cada región y de cada provincia, los jefes, consejeros, tesoreros, abogados, jueces y demás autoridades de las provincias, para asistir a la dedicación, y todos estaban de pie ante la estatua que el rey Nabucodonosor había mandado fabricar.   4  Un mensajero proclamó con voz fuerte: –A ustedes, gentes de todo pueblo, lengua y nación, se les informa:   5  En el momento en que oigan sonar la trompeta, la flauta, la cítara, la mandolina, el arpa, la zampoña y demás instrumentos musicales, se postrarán y adorarán la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha mandado fabricar.   6  Los que no se postren ni la adoren, serán echados inmediatamente a un horno de fuego ardiente.   7  En efecto, en cuanto se escuchó el sonido de la trompeta, de la flauta, de la cítara, de la mandolina, del arpa, de la zampoña y del resto de los instrumentos musicales, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había mandado fabricar.   8  Entonces algunos caldeos acudieron al rey Nabucodonosor para denunciar a los judíos   9  y le dijeron: –¡Qué el rey viva para siempre!   10  Tú, oh rey, has decretado que al oír el sonido de la trompeta, de la flauta, de la cítara, de la mandolina, del arpa, de la zampoña, y demás instrumentos musicales, todo hombre se postre y adore la estatua de oro;   11  si no lo hace así, será arrojado a un horno de fuego ardiente.   12  Pues bien, oh rey, hay unos judíos, a quienes confiaste la administración de la provincia de Babilonia, a saber, Sidrac, Misac y Abdénago, que no te respetan; no sirven a tu dios ni adoran la estatua de oro que has mandado fabricar.   13  Entonces Nabucodonosor, terriblemente enfurecido, mandó traer a Sidrac, Misac y Abdénago, los cuales fueron llevados a la presencia del rey.   14  Nabucodonosor les preguntó: –¿Es cierto Sidrac, Misac y Abdénago que no veneran a mis dioses ni adoran la estatua de oro que yo he mandado fabricar?   15  ¿Están o no dispuestos, en cuanto oigan el sonido de la trompeta, de la flauta, de la cítara, de la mandolina, del arpa, de la zampoña, y demás instrumentos musicales, a postrarse y adorar la estatua que he mandado fabricar? Si no la adoran, serán inmediatamente arrojados a un horno de fuego ardiente, y ¿qué dios podrá librarlos de mi poder?   16  Respondieron Sidrac, Misac y Abdénago a Nabucodonosor, diciendo: –Oh rey, no tenemos necesidad de responderte sobre este asunto.   17  Si nuestro Dios, a quien damos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiente y de tu poder, nos librará.   18  Y aunque no lo hiciera, debes saber, oh rey, que no serviremos a tu dios ni nos postraremos ante la estatua de oro que has mandado fabricar.   19  Entonces Nabucodonosor, lleno de ira y visiblemente enfurecido contra Sidrac, Misac y Abdénago, mandó que se encendiera el horno con una intensidad siete veces mayor de la acostumbrada,   20  y ordenó a algunos de los hombres más vigorosos de su ejército que ataran a Sidrac, Misac y Abdénago, y los arrojaran al horno de fuego ardiente.   21  Así pues, los jóvenes, tal como estaban vestidos, con sus túnicas, sus gorros y demás ropa, fueron atados y arrojados al horno de fuego ardiente.   22  Como la orden del rey era terminante y el horno estaba al rojo vivo, las llamas envolvieron y devoraron a los hombres que llevaban a Sidrac, Misac y Abdénago,   23  mientras los tres caían atados dentro del horno de fuego ardiente.   24  Los jóvenes caminaban en medio de las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.   25  Entonces Azarías, de pie en medio del fuego, oró así:   26  Bendito seas, Señor, Dios de nuestros antepasados, tu nombre merece ser alabado y glorificado por siempre.   27  Has hecho lo que debías, has actuado con lealtad, tu proceder es recto y tus sentencias justas.   28  Has actuado con justicia al castigarnos a nosotros y a Jerusalén, la ciudad santa de nuestros antepasados. Has sido verdaderamente justo al descargar todo esto sobre nosotros a causa de nuestros pecados.   29  Porque hemos pecado, hemos hecho el mal; hemos cometido toda clase de crímenes y nos hemos alejado de ti. No hemos escuchado tus palabras   30  ni hemos observado tus mandamientos; no hemos hecho lo que tú nos mandabas para que fuéramos felices.   31  Has sido justo al enviarnos todos estos males, al infligirnos todos estos castigos.   32  Nos entregaste en poder de enemigos impíos y malvados, en poder del rey más injusto y perverso de toda la tierra.   33  Pero nos hemos quedado sin palabras, porque la vergüenza y la humillación abruman a tus siervos y a tus fieles.   34  Por tu nombre, te lo pedimos: no nos abandones para siempre, no rompas tu alianza, no nos retires tu amor.   35  Por Abrahán, tu amigo, por Isaac, tu siervo, por Israel, tu consagrado,   36  a quienes prometiste descendencia numerosa como las estrellas del cielo, como la arena de la orilla del mar.   37  A causa de nuestros pecados, Señor, somos hoy el más insignificante de todos los pueblos y estamos humillados en toda la tierra.   38  No tenemos príncipes, ni jefes, ni profetas; estamos sin holocaustos, sin sacrificios, sin poder hacerte ofrendas ni quemar incienso en tu honor; no tenemos un lugar donde ofrecerte los primeros frutos y poder así alcanzar tu favor.   39  Pero tenemos un corazón contrito y humillado; acéptalo como si fuera un holocausto de carneros y toros,   40  de millares de los mejores corderos. Que este sea hoy nuestro sacrificio ante ti, y que te sirvamos fielmente, pues no quedarán defraudados quienes confían en ti.   41  Ahora queremos seguirte con todo el corazón, queremos serte fieles y buscar tu rostro. No nos defraudes, Señor;   42  trátanos conforme a tu ternura, según la grandeza de tu amor.   43  Sálvanos con tu fuerza prodigiosa y muestra la gloria de tu nombre.   44  Queden en ridículo los que maltratan a tus siervos; humilla su poder y destruye su fuerza;   45  para que reconozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso en toda la tierra.   46  Los servidores del rey que habían arrojado a los jóvenes dentro del horno no cesaban de atizar el fuego con brea, resina, estopa y ramas.   47  Las llamas, que se elevaban hasta más de veinte metros por encima del horno,   48  se extendieron hacia afuera y devoraron a los caldeos que estaban junto al horno.   49  Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, lanzó las llamas fuera del horno   50  e hizo que en el horno soplara un viento fresco, de manera que el fuego no les causó daño ni molestia alguna; ni siquiera los tocó.   51  Entonces los tres, a una sola voz, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo así a Dios dentro del horno:   52  Bendito seas, Señor, Dios de nuestros antepasados, a ti gloria y alabanza por siempre. Bendito sea tu nombre santo y glorioso, a él gloria y alabanza por siempre.   53  Bendito seas en el templo de tu santa gloria, a ti gloria y alabanza por siempre.   54  Bendito seas en tu trono de rey, a ti gloria y alabanza por siempre.   55  Bendito tú que penetras los abismos y estás sentado sobre querubines, a ti gloria y alabanza por siempre.   56  Bendito seas en el firmamento del cielo, glorificado por siempre con cánticos.   57  Obras todas del Señor, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   58  Angeles del Señor, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   59  Cielos, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   60  Aguas del cielo, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   61  Ejércitos todos del Señor, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   62  Sol y luna, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   63  Estrellas del cielo, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   64  Lluvias y rocíos, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   65  Vientos todos, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   66  Fuego y calor, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   67  Frío y calor, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   68  Rocíos y escarchas, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   69  Hielo y frío, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   70  Heladas y nieves, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   71  Noches y días, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   72  Luz y oscuridad, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   73  Rayos y nubes, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   74  Que la tierra bendiga al Señor, Glorifíquelo por siempre con cánticos.   75  Montañas y colinas, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   76  Plantas de la tierra, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   77  Fuentes, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   78  Mares y ríos, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   79  Ballenas y peces, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   80  Aves todas del cielo, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   81  Fieras y ganados, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   82  Hijos de los hombres, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   83  Bendice, Israel, al Señor, glorifícalo por siempre con cánticos.   84  Sacerdotes, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   85  Siervos del Señor, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   86  Espíritus y almas de los justos, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   87  Santos y humildes de corazón, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos.   88  Ananías, Azarías y Misael, bendigan al Señor, glorifíquenlo por siempre con cánticos; porque nos ha sacado del abismo, nos ha librado del poder de la muerte, nos ha salvado del horno ardiente, nos ha sacado de en medio del fuego.   89  Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor.   90  Todos los que lo adoran, bendigan al Dios de los dioses, glorifíquenlo con cánticos, porque es eterno su amor.   91  Entonces el rey Nabucodonosor se quedó totalmente sorprendido; se levantó de inmediato y dijo a sus ministros: –¿No arrojamos nosotros al fuego a estos tres hombres bien atados? Ellos respondieron: –Sí, oh rey.   92  –Pues yo veo cuatro hombres desatados que caminan en medio del fuego, sin sufrir daño, y el cuarto tiene el aspecto de un dios.   93  Después Nabucodonosor se acercó a la boca del horno de fuego ardiente y dijo: –¡Sidrac, Misac y Abdénago, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan aquí! Y los tres salieron de en medio de las llamas.   94  Los gobernadores regionales y provinciales, los jefes y ministros del rey se acercaron para ver cómo el fuego no había tenido poder sobre sus cuerpos; el pelo no estaba chamuscado, las túnicas estaban intactas y ni siquiera olían a quemado.   95  Entonces Nabucodonosor exclamó: –¡Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que ha mandado a su ángel y ha salvado a sus siervos! Pusieron su confianza en él y, desobedeciendo la orden del rey, prefirieron arriesgar su vida antes de servir y adorar a otro dios fuera del suyo.   96  Yo ordeno, pues, que todo hombre, de cualquier lengua, pueblo o nación, que hable mal del Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, sea cortado en pedazos y su casa sea convertida en un basurero, porque no hay otro dios que pueda salvar como éste.   97  Y el rey hizo prosperar a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.   98  El rey Nabucodonosor, a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Que la paz que ustedes tienen crezca sin cesar.   99  Me ha parecido bien dar a conocer las señales y prodigios que ha hecho conmigo el Altísimo.   100  ¡Grandes son sus señales, poderosos sus prodigios, su reino es un reino eterno, su imperio de edad en edad!