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2 Reyes 17 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Oseas, hijo de Elá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría el año décimo octavo de Ajaz, rey de Judá. Reinó nueve años en Samaría.   2  Ofendió con su conducta al Señor, aunque no tanto como los anteriores reyes de Israel.   3  Salmanasar, rey de Asiria, subió para atacarlo, y Oseas se hizo su súbdito pagándole un impuesto.   4  Pero el rey de Asiria lo sorprendió traicionándolo, pues había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y había dejado de pagarle el impuesto anual; así que lo hizo prisionero y lo metió en la cárcel.   5  El rey de Asiria invadió todo el país y sitió Samaría por espacio de tres años.   6  El año noveno de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaría y se llevó cautivos a los israelitas estableciéndolos en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de Media.   7  Esto sucedió porque los israelitas pecaron contra el Señor, su Dios, que los había sacado de Egipto y los había librado del poder del faraón, rey de Egipto. Adoraron a otros dioses,   8  y siguieron las costumbres de las gentes que el Señor había expulsado ante ellos; costumbres que habían introducido los reyes de Israel.   9  Los israelitas ofendieron al Señor, su Dios, con prácticas detestables. Construyeron santuarios en los altozanos de todas sus ciudades, desde las torres de guardia hasta la ciudad amurallada,   10  así como piedras conmemorativas e imágenes sagradas en toda colina elevada y bajo cualquier árbol frondoso.   11  Más aún, quemaron incienso en los santuarios de los altozanos a la manera de los pueblos que el Señor había expulsado ante ellos, y cometieron toda clase de maldades irritando al Señor;   12  adoraron a los ídolos en contra de la prohibición del Señor: «Ustedes no harán tal cosa».   13  El Señor repetía insistentemente a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y videntes: «Conviértanse de su mala conducta y cumplan mis preceptos y mandamientos, siguiendo en todo la ley que di a sus antepasados y que les comuniqué por mis siervos, los profetas».   14  Pero ellos la desobedecieron, mostrándose más tercos que sus antepasados. No creyeron en el Señor su Dios,   15  menospreciaron sus leyes y la alianza que había hecho con sus antepasados, así como las instrucciones que les había dado. Se fueron detrás de dioses inconsistentes y se hicieron semejantes a ellos; imitaron a sus vecinos, siendo así que el Señor les había ordenado que no hicieran lo que ellos hacían.   16  Desobedecieron todos los mandamientos del Señor su Dios, se hicieron dos becerros fundidos y una imagen sagrada, adoraron a todos los astros del cielo y dieron culto a Baal.   17  Pasaron a sus hijos y a sus hijas por el fuego, practicaron la adivinación y la hechicería, y se entregaron a todo lo que el Señor desaprueba, hasta colmar su indignación.   18  El Señor, muy irritado contra Israel, lo arrojó de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá,   19  aunque tampoco Judá cumplió los mandamientos del Señor su Dios, sino que imitó las costumbres de Israel.   20  Por eso, el Señor rechazó a toda la raza de Israel y la humilló entregándola en manos de saqueadores, hasta arrojarla de su presencia.   21  Cuando Israel se separó de la dinastía de David y se eligió por rey a Jeroboán, hijo de Nabat, éste desvió a Israel del camino del Señor y lo arrastró a un gran pecado.   22  Los israelitas imitaron siempre el pecado de Jeroboán sin apartarse de él.   23  Hasta que el Señor echó a Israel de su presencia, según lo había predicho por medio de todos sus siervos los profetas. Israel fue deportado lejos de su tierra y llevado a Asiria hasta el día de hoy.   24  El rey de Asiria trajo gentes de Babilonia, de Cutá, de Avá, de Jamat y de Sefarvaín y repobló con ellas las ciudades de Samaría, para sustituir a los israelitas. Ocuparon Samaría y se establecieron en sus ciudades.   25  Al principio, cuando se instalaron, no respetaban al Señor, pero el Señor envió contra ellos leones que mataron a algunos de ellos.   26  Entonces dieron esta noticia al rey de Asiria: –Las gentes que enviaste para repoblar las ciudades de Samaría ignoran cómo dar culto al Dios de aquel país, y por eso él ha mandado contra ellos leones que los están matando a causa de esta ignorancia.   27  Entonces el rey de Asiria ordenó: –Lleven uno de los sacerdotes que trajeron deportados de Samaría, para que viva allí y les enseñe a dar culto al Dios de aquel país.   28  Vino, pues, uno de los sacerdotes deportados de Samaría, fijó su residencia en Betel y les enseñaba a dar culto al Señor.   29  Pero aquellas gentes se fabricaron sus propios dioses, y los colocaron en los santuarios de los altozanos, levantados por los distintos grupos nacionales en las ciudades en que vivían:   30  los de Babilonia daban culto a Sucot Benot; los de Cutá a Nergal; los de Jamat a Asimá;   31  los eveos, a Nibjáz y Tartac; y los sefarvaítas inmolaban a sus hijos en el fuego en honor de Adramelec y Anamelec, dioses de Sefarvaín.   32  Daban también culto al Señor, y eligieron de entre el pueblo sacerdotes para que oficiaran en los santuarios de los altozanos.   33  Adoraban al mismo tiempo al Señor y a sus dioses, según los ritos de sus naciones de procedencia.   34  Todavía hoy siguen sus antiguas costumbres. No honran al Señor ni practican sus normas y ritos ni la ley y mandamientos que él ordenó a los hijos de Jacob, a quien puso por nombre Israel.   35  El Señor había hecho con ellos una alianza y les había mandado: –No veneren a dioses extraños ni los adoren, no les den culto ni les ofrezcan sacrificios.   36  Sólo al Señor, que los sacó de Egipto con brazo poderoso, rendirán culto, adorarán y ofrecerán sacrificios.   37  Observarán siempre escrupulosamente las normas y ritos, la ley y los mandamientos que él les dio por escrito. No darán culto a otros dioses.   38  No olvidarán la alianza que hice con ustedes, y no rendirán culto a otros dioses.   39  Sólo el Señor será su Dios, y él los librará de sus enemigos.   40  Pero ellos no se sometieron, sino que siguieron practicando sus antiguas costumbres,   41  de modo que aquellas gentes daban culto al mismo tiempo al Señor y a sus ídolos. Y sus descendientes siguen haciendo lo mismo hasta el día de hoy.