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2 Corintios 10 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Soy yo mismo, Pablo, el que les ruega por la dulzura y la mansedumbre de Cristo; yo que les parezco tan humilde cuando estoy entre ustedes y tan severo, en cambio, por carta.   2  Les ruego que no me obliguen a mostrarme severo cuando esté entre ustedes y a actuar con la energía de que soy ciertamente capaz, contra esos que piensan que nuestra conducta está inspirada en criterios humanos.   3  Porque, aunque somos hombres, nuestra lucha no está inspirada en criterios humanos.   4  Las armas con que luchamos no son humanas, sino divinas y tienen poder para destruir fortalezas. Refutamos falsos razonamientos   5  y todo tipo de soberbia que se levante contra el conocimiento de Dios. Estamos dispuestos a someter a Cristo todo pensamiento,   6  y también preparados para corregir toda desobediencia, una vez que hayan dado pruebas de una obediencia perfecta.   7  Ustedes sólo mirán las apariencias. Si alguno se enorgullece de ser cristiano, piense de una vez que, tanto como él, lo somos también nosotros.   8  Y si me he enorgullecido más de la cuenta de la autoridad que el Señor me dio, no para su ruina, sino para contribuir a su bien, de esto no me avergonzaré.   9  Tampoco quiero dar la impresión de que sólo por carta soy capaz de infundirles respeto.   10  Porque «las cartas –dicen algunos– son severas y fuertes, pero en persona es poca cosa y su palabra despreciable».   11  Pues sepa quien eso dice, que lo que decimos por carta estando ausentes, lo llevaremos a la práctica cuando estemos presentes.   12  Porque, ¡cómo vamos a igualarnos y compararnos con esos que se elogian a sí mismos! Ellos mismos, al medirse con su propia medida y compararse consigo mismos, demuestran que son necios.   13  Por nuestra parte, no queremos enorgullecernos más de lo justo, sino que nos mantenemos en los límites que Dios nos ha asignado y que los incluye también a ustedes.   14  No estamos, pues, fuera de los límites asignados, como si ustedes no pertenecieran a ellos, siendo así que de hecho hemos sido los primeros en llevarles el evangelio de Cristo.   15  No nos enorgullecemos más de lo justo aprovechándonos de trabajos ajenos; abrigamos, en cambio, la esperanza de que, al ir creciendo su fe, nuestra labor entre ustedes produzca un fruto cada vez mayor dentro de los límites que Dios nos ha asignado.   16  Esperamos incluso evangelizar regiones más alejadas de la de ustedes, sin invadir territorios ajenos ni enorgullecernos de tareas hechas por otro.   17  Pues el que quiera enorgullecerse, que lo haga en el Señor.   18  Porque no es quien se alaba a sí mismo el que es aceptado como justo, sino aquél que es alabado por el Señor.