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1 Macabeos 1 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Alejandro el macedonio, hijo de Filipo, salió de su país, venció a Darío, rey de los persas y medos, y le sustituyó en el trono, teniendo a Grecia como cabeza de su imperio.   2  Emprendió muchas guerras, conquistó fortaleas y mató a los reyes de la región.   3  Llegó hasta los extremos de la tierra, saqueó muchos pueblos, y la tierra enmudeció ante él. Su corazón se llenó de soberbia y de orgullo.   4  Reclutó un poderoso ejército y sometió provincias, naciones y reyes, que le pagaron tributo.   5  Después cayó enfermo y, al darse cuenta de que se iba a morir,   6  llamó a sus altos funcionarios, educados con él desde la juventud, y les repartió el imperio antes de morir.   7  Alejandro murió a los doce años de haber comenzado a reinar.   8  Sus generales se hicieron cargo del poder, cada cual de la provincia que le correspondió.   9  Todos ciñeron la corona después de su muerte y sus hijos después de ellos durante muchos años, llenando la tierra de males.   10  De aquellos generales salió un retoño impío, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco. Había estado en Roma como rehén, y comenzó a reinar el año ciento treinta y siete de la era de los griegos.   11  Por entonces surgieron israelitas apóstatas que sedujeron a muchos, diciendo: –Pactemos con los pueblos de alrededor, pues desde que nos hemos separado de ellos nos han venido muchos males.   12  Les pareció bien la propuesta,   13  y algunos del pueblo fueron a ver al rey. El rey los autorizó a seguir las costumbres paganas   14  y, siguiendo dichas costumbres, edificaron un gimnasio en Jerusalén,   15  disimularon la circuncisión, abandonaron la alianza santa para asociarse a los paganos y se vendieron para hacer el mal.   16  Cuando Antíoco consolidó su trono, pensó en reinar también sobre Egipto para mandar en los dos países.   17  Entró en Egipto con un ejército poderoso, con carros de guerra, elefantes, soldados de caballería, y una gran flota.   18  Atacó a Tolomeo, rey de Egipto, que retrocedió y huyó, y le causó muchas bajas.   19  Antíoco ocupó las ciudades egipcias fortificadas y las saqueó.   20  El año ciento cuarenta y tres, cuando regresaba de conquistar Egipto, se dirigió contra Israel y Jerusalén con un poderoso ejército.   21  Entró con insolencia en el templo y se apoderó del altar de oro, del candelabro con todos sus accesorios,   22  de la mesa donde se ponían las ofrendas, de las copas, tazas, incensarios de oro, velo, coronas y de la decoración de oro de la fachada del templo, llevándose todo.   23  Se llevó también la plata, oro, vasos preciosos y tesoros escondidos que pudo encontrar.   24  Se lo llevó todo a su patria después de haber derramado mucha sangre y haber hablado con orgullo.   25  Hubo un gran luto en todo Israel.   26  Jefes y ancianos gimieron, doncellas y jóvenes languidecieron, y palideció la belleza de las mujeres.   27  El recién casado entonó una lamentación, y la recién casada se angustió en el lecho nupcial.   28  La tierra tembló, viendo la suerte de sus habitantes, y toda la descendencia de Jacob se cubrió de vergüenza.   29  Pasados dos años, el rey mandó a las ciudades de Judá un recaudador de impuestos, que llegó a Jerusalén con un ejército poderoso.   30  Se presentó con astucia en son de paz, y le creyeron. Pero irrumpió de improviso en la ciudad, hizo un gran estrago y mató a muchos israelitas.   31  Saqueó la ciudad, la incendió y destruyó las casas y las murallas que la cercaban.   32  Se llevaron cautivos a niños y mujeres y se apoderaron de sus ganados.   33  Reedificaron la ciudad de David con una muralla alta y sólida, y con torres fuertes, convirtiéndola en una ciudadela.   34  Instalaron allí mala gente, hombres perversos, que se hicieron fuertes en ella.   35  Almacenaron armas y víveres, reunieron el botín recogido en Jerusalén, y se convirtieron en un enclave molesto,   36  un peligro constante para el templo y una continua amenaza para Israel.   37  Derramaron sangre inocente alrededor del templo y profanaron el santuario.   38  Por su causa huyeron los habitantes de Jerusalén, y la ciudad se convirtió en una colonia de extranjeros; llegó a ser una extranjera para los suyos, y sus hijos la abandonaron.   39  Su templo quedó como un desierto, sus fiestas se cambiaron en luto, sus sábados en injuria, su gloria en desprecio.   40  Su humillación fue tanta como su grandeza, y su magnificencia se cambió en llanto.   41  El rey ordenó que todos sus súbditos formaran un solo pueblo,   42  y que cada uno abandonara sus costumbres propias. Todos los gentiles aceptaron la orden del rey,   43  y muchos israelitas se acomodaron a la religión oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.   44  El rey mandó mensajeros a Jerusalén y a las ciudades de Judá con órdenes escritas de que aceptaran las costumbres extranjeras,   45  suprimieran los holocaustos, sacrificios y ofrendas en el templo, profanaran el sábado y las fiestas,   46  contaminaran el templo y los instrumentos santos,   47  edificaran altares y templos a los ídolos, inmolaran cerdos y animales impuros,   48  no circuncidaran a sus hijos y se mancharan con toda clase de impurezas y profanaciones,   49  se olvidaran de la ley y cambiaran todas sus instituciones.   50  El que no obedeciera las órdenes del rey sería condenado a muerte.   51  El rey escribió en estos términos a todos sus súbditos, nombró inspectores sobre el pueblo y mandó que en todas las ciudades de Judá se ofrecieran sacrificios.   52  Mucha gente del pueblo abandonó la ley, se unió a ellos e hicieron tales estragos en el país,   53  que obligaron a los israelitas a esconderse en toda clase de refugios.   54  El quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco, Antíoco mandó colocar un altar sacrílego encima del altar del sacrificio, y edificó altares en las ciudades judías de los alrededores.   55  En las puertas de las casas y en las calles se ofrecía incienso;   56  rasgaban y quemaban los libros de la ley que encontraban.   57  Al que le encontraban el libro de la alianza y al que observaba la ley se le condenaba a muerte de acuerdo con el decreto real.   58  Tal era el salvajismo con que día a día trataban a los que sorprendían en las ciudades comportándose como fieles israelitas.   59  El veinticinco de cada mes ofrecían sacrificios en el altar construido sobre el altar de los holocaustos.   60  A las madres que habían hecho circuncidar a sus hijos, las mataban, como ordenaba el edicto,   61  con los niños colgados al cuello; mataban igualmente a los familiares y a los que habían realizado la circuncisión.   62  Pero hubo muchos israelitas que se mantuvieron firmes y decidieron no comer alimentos impuros;   63  prefirieron morir antes que contaminarse con tales alimentos y profanar la alianza santa; y efectivamente murieron.   64  Una cólera terrible cayó sobre Israel.