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1 Corintios 15 - Español - Biblia de América 1994 - Bible.is - SPNBDA

  1  Les recuerdo, hermanos, el evangelio que les anuncié, que recibieron y en el que han perseverado.   2  Es el evangelio que los está salvando, si lo conservan tal y como lo anuncié; de no ser así habrían creído en vano.   3  Porque yo les transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras,   4  y que fue sepultado; que resucitó al tercer día según las Escrituras,   5  y que se apareció a Pedro y luego a los Doce.   6  Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todavía, aunque algunos ya han muerto.   7  Luego se apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles.   8  Y después de todos se me apareció a mí, como si se tratara de un hijo nacido fuera de tiempo.   9  Yo, que soy el menor de los apóstoles, indigno de llamarme apóstol por haber perseguido a la Iglesia de Dios.   10  Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Al contrario, he trabajado más que todos los demás; bueno, no yo, sino la gracia de Dios conmigo.   11  En cualquier caso, tanto ellos, como yo, esto es lo que anunciamos y esto es lo que ustedes han creído.   12  Ahora bien, si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿por qué algunos de ustedes andan diciendo que no hay resurrección de los muertos?   13  Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado;   14  y si Cristo no ha resucitado, tanto mi anuncio como la fe de ustedes no tienen sentido.   15  Resulta incluso que seríamos falsos testigos de Dios, porque estaríamos dando falso testimonio contra él al afirmar que resucitó a Jesucristo, siendo así que, si los muertos no resucitan, tampoco a él lo resucitó.   16  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado.   17  Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes no tiene sentido y siguen aún sumidos en sus pecados.   18  Y por supuesto también habrían perecido los que han muerto unidos a Cristo.   19  Si nuestra esperanza en Cristo no va más allá de esta vida, somos los más miserables de todos los hombres.   20  Pero no, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de quienes duermen el sueño de la muerte.   21  Porque lo mismo que por un hombre vino la muerte, también por un hombre ha venido la resurrección de los muertos.   22  Y como por su unión con Adán todos los hombres mueren, así también por su unión con Cristo, todos retornarán a la vida.   23  Pero cada uno según su rango: como primer fruto, Cristo; luego, el día de su gloriosa manifestación, los que pertenezcan a Cristo.   24  Después tendrá lugar el final, cuando, destruido todo dominio, toda potestad y todo poder, Cristo entregue el reino a Dios Padre.   25  Pues es necesario que Cristo reine hasta que Dios ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.   26  El último enemigo en destruir será la muerte,   27  porque él ha puesto todas las cosas bajo sus pies. Se sobreentiende que, cuando la Escritura dice que todo le ha sido sometido, queda excluido Dios, que es quien sometió todas las cosas a Cristo.   28  Y cuando le estén sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se someterá también al que le sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas.   29  Hay algunos que se hacen bautizar por los que han muerto. ¿Qué sentido tendría ese bautismo, si es cierto que los muertos no resucitan?   30  Y nosotros mismos ¿por qué nos exponemos a peligros en todo momento?   31  Les aseguro, hermanos, porque estoy orgulloso de ustedes en Cristo Jesús, Señor nuestro, que estoy al borde de la muerte cada día.   32  Si sólo por motivos humanos hubiera luchado en Efeso contra las fieras, ¿qué provecho tendría? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.   33  No se dejen engañar; la malas compañías corrompen las buenas costumbres.   34  Recuperen el buen juicio y no sigan pecando, pues lo que algunos tienen es ignorancia de Dios. Les digo esto para su vergüenza.   35  Alguno preguntará: ¿cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo volverán a la vida?   36  ¡Necio! Lo que tú siembras no tendrá vida si antes no muere.   37  Y lo que siembras no es la planta tal como va a ser, sino un simple grano de trigo, por ejemplo, o de alguna otra semilla.   38  Y Dios proporciona a cada semilla el cuerpo que le parece conveniente, a cada semilla el cuerpo que le corresponde.   39  No todos los cuerpos son iguales: uno es el cuerpo de los hombres, otro el de los ganados, otro el de las aves y otro el de los peces.   40  Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los terrestres.   41  Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas; y una estrella difiere, incluso, de otra en resplandor.   42  Así sucederá también con la resurrección de los muertos. Se siembra algo corruptible, resucita incorruptible;   43  se siembra algo despreciable, resucita glorioso; se siembra algo débil, resucita pleno de vigor;   44  se siembra un cuerpo animal, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo animal, hay también un cuerpo espiritual,   45  como dice la Escritura: Adán, el primer hombre, fue creado como un ser con vida. El nuevo Adán, en cambio, es espíritu que da vida.   46  Y no apareció primero lo espiritual, sino lo animal, y después lo espiritual.   47  El primer hombre procede de la tierra y es terrestre; el segundo procede del cielo.   48  El terrestre es modelo de los terrestres; el celestial, de los celestiales.   49  Y así como llevamos la imagen del terrestre, llevaremos también la imagen del celestial.   50  Les digo con esto, hermanos, que la carne y la sangre no pueden poseer el reino de Dios, ni lo que es corruptible heredará lo incorruptible.   51  Escuchen, voy a confiarles un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados.   52  En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la última trompeta –pues tocará la trompeta–, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.   53  Porque es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y que este ser mortal se revista de inmortalidad.   54  Y cuando este ser corruptible se vista de incorruptibilidad y este ser mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que dice la Escritura: La muerte ha sido vencida.   55  ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?   56  El aguijón de la muerte es el pecado, y la ley ha servido para dar fuerza al pecado.   57  Pero nosotros damos gracias a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.   58  Por tanto, hermanos míos queridos, manténganse firmes e inconmovibles; trabajen sin descanso en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa su fatiga.